Entre las sombras

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Amor vincit omnia (Amor victorioso). Staatliche Museen. Berlín. Alemania. 1602/1603.

 

Amor, Eros, Cupido… no importa el nombre tras el que se encubra, pues cuando lo nombramos, nos referimos sin duda al dios del amor, de la fuerza que mueve el mundo.

En la antigüedad se pintaba al dios amor como un joven muchacho, dotado de de alas. A partir del siglo IV a.c. se le representa con flechas y un arco, y esta fue la apariencia con la que dotó Michelangelo Merisi da Caravaggio a la figura de su obra.

La realizó por encargo del marqués Vincenzo Giustiniani en 1602, en la actual capital italiana.

Al fijar la mirada en la obra, y observar, podemos ver como esta vez Eros  se ríe con descaro y es, decididamente, un pícaro; además es más erótico que Cupido lo fuese nunca antes. Mucho ha llamado la atención lo que estará haciendo este tunante con la mano izquierda, tras su espalda, que hace que llenen su propia figura de volúmenes.

Todo esto puede haber contribuido a que sea una de las obras más comentadas de Caravaggio, y posiblemente el Cupido más celebrado de la historia.

Caravaggio era un genio conocido por su humor colérico. Amaba pasear por las calles de Roma, tocando la guitarra, pero del mismo modo tenía fama de ser bastante irascible, y siempre andaba metido en peleas y discusiones, y esto fue lo que frenó su carrera.

El 19 de mayo de 1606, se vio involucrado en una pelea, en la cual, uno de los participantes fue asesinado, y se culpó de ello al pintor.

Fue por ello expulsado de Roma, y se fue refugiando en Nápoles, Malta y Sicilia, siendo su último destino Monte Argentario, en la Toscana, confiando en que le permitieran volver de forma pronta a Roma. Murió en esta última localidad de malaria, no llegando a los 40 años de edad, habiendo sido ya enviada la carta del Papa que le permitía su regreso a Roma.

No puede decirse que sea una coincidencia que Caravaggio introdujese el claroscuro, ese brutal contraste entre luces y las sombras, en la pintura europea, dado que pocos pintores tenían tanta experiencia de primera mano en las luces y las sombras de su propia vida como él.

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