Primavera, princesa encantadora

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La Primavera. 1480-1482. Galería de los Uffizi. Florencia. Italia.

La Primavera nos muestra el jardín de Venus, la diosa del Amor. Desde 1434 hasta 1737, Florencia estuvo bajo el control de la famosa familia de los Médicis; probablemente Lorenzo de Pierfrancesco de Médici (1463-1503) encargó el cuadro para colgarlo en la habitación contigua a la cámara nupcial de su casa.

Sandro Botticelli fue el pintor florentino más importante de la segunda mitad del siglo XV. Su estilo refinado  y femenino agradó a  los intelectuales de Florencia en los agitados tiempos que vivían. Sus obras maestras fueron sus grandes pinturas mitológicas, con las que promovió un tipo de belleza muy particular, inspirada en lo divino, combinada con complejos referentes literarios.

Flora, diosa de las flores es la figura principal que aparece en el lado derecho del cuadro. Camina de puntillas sobre el prado florido: encaran la belleza y esparce flores alrededor suyo.

La figura azul con alas representa al dios del aire. Un fantasmal Céfiro , dios del viento del Oeste y heraldo de Venus, que persigue a su amante, Cloris.

Tras Flora, Botticelli muestra su noviazgo con Céfiro. Cuando este se enamoró de Cloris, persiguió a la ninfa, la tomó como esposa y la transformó así en la Diosa Flora. El artista muestra con ingenio como Flora emerge del cortejo.

Venus, en la zona central del cuadro, luce el tocado característico de las mujeres casadas de Florencia, y es una referencia al tema nupcial de la obra.

Mercurio, el mensajero de los dioses, está situado a la izquierda del cuadro, y usa su cadúceo (varita con serpientes entrelazadas) para separar las nubes y que, de este modo, nada amenace la primavera eterna del jardín de Venus.

Botticelli perfeccionó un estilo en el que el trazo preciso es primordial. Las manos entrelazadas, las vestimentas de pliegues intrincados y el cabello suelto de las tres gracias, demuestran su habilidad. Los rostros ovalados, largos cuellos, hombros inclinados, vientres curvados y tobillos esbeltos encarnan el ideal de belleza femenina en el Renacimiento florentino. 

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