“Una mañana, uno de nosotros se quedo sin el negro, y fue el nacimiento del impresionismo.” A. Renoir.

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Baile en el Moulin de la Galette, Montmartre. Pierre-Auguste Renoir. 1876. Óleo sobre lienzo. 131 x 175 cm. Museo de Orsay. París.

 

Marcó el nacimiento de la pintura moderna. Nunca fue revolucionario de forma deliberada, su meta era retratar la inmediatez del mundo fielmente. Sin embargo, al ser algo accidental, producto de condiciones de luz transitorias y momentos al azar, dio lugar a un lenguaje pictórico diferente que inició el rechazo de la tradición naturalista que estableció el Renacimiento.

¿Sabéis ya de que estilo os estoy hablando?

Pues sí, las delicadas pinceladas de luz, como en un mosaico, y los colores brillantes que intentaban capturar un momento vislumbrado, definen de forma breve el impresionismo.

Predominan los temas aquí y ahora, ya fueran picnics, paseos en barca, naturalezas muertas, estaciones de tren, vistas urbanas o paisajes inundados de sol, vivos gracias al color. Aquí os muestro unos claros ejemplos:

 

Paseo por el Sena. Pierre-Auguste Renoir. 1879. Óleo sobre lienzo. The National Gallery. Londres. 

El paseo. Pierre-Auguste Renoir. 1870. Óleo sobre lienzo. The National Gallery. Edimburgo. Escocia.

Mujer con sombrilla en un jardín. Pierre-Auguste Renoir. 1873. Óleo sobre lienzo. 54,5 x 65 cm. Museo Thyssen-Bornemisza.

San Marcos. Pierre- Auguste Renoir. 1881. Óleo sobre lienzo. Minneapolis Institute of Arts. Estados Unidos. 

El impresionismo fue ridiculizado por estar “inacabado”. La crítica se quejaba de que los  temas eran triviales y la realización tosca. El almuerzo de los remeros  de Renoir, resume la destacada alegría de vivir de los impresionistas, que celebran sin disculparse los placeres de la juventud y el verano. No obstante, su logro más duradero fue combinar los imperativos visuales del impresionismo, sobre todo su pincelada temblorosa y ligera, con las tradiciones de la pintura figurativa europea. Sin embargo, su aparente espontaneidad era el producto de un concienzudo trabajo.

El almuerzo de los remeros. Pierre-Auguste Renoir. 1881. Óleo sobre lienzo. 129,5 x 172,7 cm. The Phillips Collection. Washington. Estados Unidos.

En este cuadro podemos distinguir a varios personajes. Por ejemplo, el hombre con el sombrero de paja que se nos muestra a la izquierda del cuadro era M. Fourniase, el dueño del restaurante.

En plena conversación vemos a  Gustave Caillebotte,  artista de talento.

En la esquina superior derecha podemos distinguir a Paul Lhote, que lleva quevedos, y flirtea con la actriz Jeanne Samary Este señor tenía una gran fama de mujeriego.

Mientras, el barón Raoul Barbier, intimo amigo de Renoir, charla con la hija del dueño, que está apoyada en la barandilla.

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