Los colores vibrantes de Kirchner

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“Todo el que se rinde de modo directo y sincero a aquello que lo conduce, es uno de nosotros” Ernst Ludwing Kirchner.

Quizá alguno de vosotros, o quizá muchos os preguntéis quien es este artista, ya que su nombre no es tan conocido o tal vez tan nombrado como otros que hemos visto con anterioridad. Pero he de decir que no por eso, deja de ser un genio.

Pues bien, Kirchner fue miembro principal de Die Brücke. ¿Y qué es Die Brücke? Suena muy alemán, ¿o no? Toda la razón, ya que fue un grupo de expresionistas con base en Dresde y fundado por nuestro artista, Kirchner, y de algunos más como Schmidt- Rotluff, Heckel, y Fritz Bleyl. Expresaron sus opiniones políticas y sociales  radicales a través de los temas modernos y urbanos o de paisajes y figuras.

Parque de flores en Dresde. 1909-20. Olio su tela. 77.4 x 94.5 cm. The Baltimore Museum of Art. Gift of Curt Valentin Gallery.

Casa Verde. 1907. Olio su tela. 70 x 59 cm. Museum Moderner Kunst. Fondazione Ludwig. Vienna. Austria.

La montaña de Klosters. 1919. Olio su tela. 121 x 121 cm. Österreichische Galerie Belvedere. Vienna. Austria.

Más tarde se fueron incorporando otras artistas, recibiendo la influencia de las últimas ideas parisinas y del arte no primitivo europeo. Colores brillantes, contornos marcados y técnica deliberadamente poco sofisticada (la mayor parte del grupo carecía de estudios artísticos).

Ahora que ya sabemos que es Die Brücke, vamos a ver quien es el artista que ocupa la entrada de hoy.

Kirchner era sensible, con tendencia a enfermedades mentales debido a las experiencias sufridas en la guerra. Expresaba la esquizofrenia de su época mediante un estilo expresionista tenso y de gran carga emocional.


El monociclista. 1911. Olio su tela. 80 x 90 cm. Collezione privata. Svizzera.

Carro de caballos con tres agricultores. 1920-21. Olio su tela. 90 x 120 cm. Collezione privata. Svizzera.

Naturaleza muerta amarilla. 1911. Olio su tela. 68.6 x 57.2 cm. Claremont. California. U.S.A.

Sus mujeres eran amarillas; sus nubes, verdes; sus lunas, rosas. Manejó los colores a su antojo. No en vano los consideraba «la alegría de la vida». Desplegó en sus obras una deslumbrante paleta, que contrasta con los grises y ocres que ensombrecieron su biografía. El consumo de drogas, el trabajo en exceso, la falta de sueño, la crisis depresivas,y  su terror a la guerra… le llevaron a un«via crucis» personal de sanatorio en sanatorio.

Dos mujeres en el bosque. 1924. Olio su tela. 120 x 120 cm. Familienstiftung Benvenuta. Valuz.

Fränzi ante una silla tallada. 1910. Óleo sobre lienzo. 70,5 x 50 cm. Museo Thyssen-Bornemisza.

El pintor Stirner con gato. 1919. Olio su tela. 90 x 70 cm. Collezione privata.

Muchacha en el sofá azul. 1910-20. Olio su tela. 79.3 x 89.5 cm. The Minneapolis Institute of Arts. The John R. Van Derlip Fund.

Señora en el bosque, retrato de Nina Hard. 1921. Olio su tela. 150 x 80 cm. Familienstiftung Benvenuta. Valuz.

Bañantes en el prado. 1909-26. Olio su tela. 70.5 x 55 cm. Collezione privata.

Mujer bajo parasol japonés. 1909. Óleo sobre lienzo. 92,5 x 80,5 cm. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Dusseldorf. Alemania.

Su técnica era esquemática y nerviosa, y usaba colores intensificados.

Finalmente, como ocurre con muchos artistas, acabó suicidándose.

Si vas a pasar estos días por Madrid (tienes hasta el 2 de Septiembre), podrás ver una exposición dedicada en exclusiva a este artista en la Fundación Mapfre.

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