Heridas de guerra o historia de una buena restauración

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¿Quién no ha visto nunca la obra de Goya titulada “El dos de Mayo de 1808 en Madrid”, también conocido como “La carga de los mamelucos”?

 “El 2 de Mayo de 1808 en Madrid”. 1814. Óleo sobre lienzo. 268 x 347 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Pues bien, si habéis visitado el museo del Prado hace tres años o más tiempo, o incluso si cogéis un libro anterior al año 2008 sobre arte y que aparezca este cuadro, os sorprenderá ver una cosa muy especial, y es que este cuadro tiene heridas.

Durante la Guerra Civil Española, salieron en medio de un torbellino de fuego y violencia desde noviembre de 1936 a septiembre de 1939  los bienes más selectos del patrimonio artístico español. Se realizó por tanto  el traslado de las obras de arte del Museo del Prado para evitar su destrucción durante la contienda. En total se embalaron 1.868 cajas que fueron llevadas a Ginebra. En esta ciudad suiza se creó un Comité Internacional para el Salvamento del Tesoro Español, y se custodiaron hasta su regreso al museo el 9 de septiembre de 1939.

Entre estas obras se encuentran “El dos de Mayo de 1808 en Madrid” y “El tres de Mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña de Príncipe Pío”

El traslado de las obras puede verse recreado en un maravilloso documental titulado: “Las cajas españolas” de Alberto Porlán.

Con el fin de evitar que sufriesen en marzo de 1938, viajaron hacia Gerona y fue en ese trayecto cuando el camión que los transportaba chocó al atravesar el pueblo de Benicarló. Las dos obras, que iban emparejadas, sufrieron un fuerte golpe que rompió las telas en varios cortes horizontales. Aunque las dos resultaron dañadas, el Dos de mayo sufrió en mayor medida el accidente y dos fragmentos pequeños de lienzo, con pintura original, posiblemente en muy mal estado, se perdieron en la carretera. Estos dos recortes se localizan en el lado izquierdo del cuadro, a una altura media y alta.

Los cuadros fueron reentelados  en Gerona, por Tomás Pérez y Manuel Arpe y Retamino (forrador y restaurador del Museo del Prado, respectivamente). El proceso de reentelado o forrado, consiste básicamente en adherir por la parte posterior de un lienzo antiguo dañado, una tela nueva, con el fin de proporcionarle mayor consistencia.

En septiembre de 1939, una vez finalizada la contienda española y de vuelta en el Museo del Prado, Manuel Arpe y Retamino finalizó la restauración de ambos cuadros, realizando el retoque o reintegración; es decir, disimulando los daños y cortes producidos en el accidente y aplicando color nuevo en las pérdidas de pintura original. En los cortes sufridos por la tela, Arpe reintegró la pintura original, pero en los fragmentos perdidos de mayor tamaño, decidió utilizar una técnica denominada “tinta neutra”, frecuente en la restauración de pintura mural. Se utiliza cuando el restaurador se encuentra con grandes pérdidas y desconoce como era el original, consistiendo en aplicar un color uniforme en la zona perdida, que no moleste en exceso y que entone con el colorido general de la obra.

Quizás el aspecto más importante para dilucidar la cuestión de la restauración y nueva reintegración de las zonas perdidas, haya sido el contar ahora con una buena documentación gráfica anterior a los daños.

La existencia de fotografías en blanco y negro, anteriores a la Guerra Civil, y las modificaciones de color y composición realizadas en la intervención de 1938, fueron determinantes para decidir una ajustada recuperación del original en las zonas perdidas, mediante el calco sobre ellas de las fotografías antiguas, tratadas con ordenador, que ha posibilitado la tarea que no pudo hacerse en 1941.

La técnica de reconstrucción se ha hecho ahora mediante la aplicación de pequeñas rayas de color, que permiten al espectador apreciar a corta distancia las zonas intervenidas, pero que desde más lejos se funden en nuestra vista, camuflando las lagunas del original y permitiendo así entender la lectura del conjunto.

La obra una vez finalizada la restauración

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  1. Muy interesante, Bea. Cortito pero conciso. Lo breve, si bueno, dos veces bueno.

    En Descubrir el Arte de Agosto hacen referencia a algunas restauraciones que se han llevado a cabo en El Parado. Está curioso.

    Confiemos en los grandes restauradores, ¿qué sería de muchas obras en ausencia de su mano milagrosa? Ojalá puedan borrar y no dejar la más mínima huella del imbécil que escribió en un Rothko de la Tate Modern. Te envío el enlace de la noticia.

    http://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/09/cultura/1349742971.html

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