Madonnas entronizadas de Cimabue

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Considerado el artista más importante del siglo XIII en Florencia, Cimabue, fue un pintor muy interesado en dar un mayor realismo  a las escenas y figuras para liberar el arte de las imágenes planas y estáticas de los iconos bizantinos, de cuya tradición procede su pintura.

Según Vasari, Cimabue nació en Florencia en 1240. Se le han atribuido gran cantidad de obras, por lo que a veces su nombre ha simbolizado un colectivo de artistas con las mismas inquietudes, más que a un sólo individuo. Está documentado por primera vez en 1272 en la iglesia de Santa Maria la Maggiore de Roma, ciudad donde se formó y donde absorbió la influencia de la corriente clásica representada por Cavallini, con quien colaboraba en la ejecución de los mosaicos de dicha iglesia.

Virgen con el niño, ocho ángeles y cuatro profetas. H. 1280. Temple sobre madera. 385 x 223 cm. Galería de los Uffizi. Florencia.

Esta obra representa a la Virgen y al niño, que se encuentran sentados en un trono de carácter casi arquitéctónico, como si fuera una iglesia. A pesar de la simetría con la que están situados los ángeles, sus cabezas inclinadas dan mayor sensación de movimiento a la composición, formando una especie de semicírculo a cada lado como si de una gran mandorla se tratara.

De esta manera, Cimabue, representa a la Virgen como Reina de los Cielos y Madre de la Iglesia terrenal, como intermediaria entre la Antigua y la Nueva Alianza.

Los personajes de la parte inferior del retablo son dos profetas, Jeremías e Isaías, y Abraham y el rey David, de cuya estirpe nacería Jesucristo. Los cuatro simbolizan la Antigua Alianza que asiste atenta a la presentación del Niño como promesa de la redención.

Jeremías e Isaías miran hacia arriba para corroborar las profecías acerca de la inmaculada concepción

La delicada utilización del color en esta obra permite a Cimabue conseguir unos matices y gradaciones sorprendentes tanto en las túnicas como en las alas de los ángeles, de manera que la naturalidad de los personajes se ve acentuada, característica propia de la espiritualidad bajomedieval, en la que los personajes adquieren rasgos y actitudes más humanas.

Esta Madonna todavía muestra la influencia de la tradición bizantina, pero Cimabue consigue algo sin precedentes: conferirle profundidad espacial. Con la superposición de los ángeles y la forma cóncava del trono, obtiene un innovador efecto de perspectiva mientras que los lados de la pintura parecen sujetar los cuerpos, comprimiendo así la composición.

Algunas otras obras de gran similitud de este autor son:

Virgen y el niño con San Juan Bautista y San Pedro. 1290. Temple sobre tabla. 343 x 248 m. The National Gallery of Art. Washington. Estados Unidos.

La Virgen y el niño entronizados rodeados de ángeles. 1270. Tabla. 427 x 280 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

Virgen y niño entronizados. Iglesia de Santa Maria dei servi. Bolonia.

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