Archivos Mensuales: noviembre 2012

Bernini, el Genio

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Conmemorando el día de su fallecimiento hablaremos hoy de otro de los grandes escultores por todos conocido: Gian Lorenzo Bernini.

Devoto católico romano, el arte era para él la inspiración emocional y la glorificación de Dios y de la pureza. Aunque fue un pintor dotado, despreciaba este medio y prefería la escultura, que representaba la “verdad”. Bernini liberó la escultura de sus obligaciones anteriores respecto a la gravedad y la emoción intelectual, y la permitió volar en libertad, moverse y alcanzar una cualidad visionaria jamás vista hasta entonces.

La cabra amaltea. 1615. 44cm. Mármol de Carrara. Galería Borghese. Roma

La verdad descubierta por el tiempo. 1645-1652. 280cm. Mármol. Galería Borghese. Roma.

Busto del cardenal Richelieu. 1641. 83 cm. Mármol. Museo del Louvre. París

Beata Ludovica Albertoni. 1674. 188 cm.  Iglesia de San Francesco a Ripa. Roma.

Apolo y Dafne. 1622-1625. Galería Borghese. Roma

Fue niño prodigio, de personalidad chispeante y gran ingenio; escribió comedias -sus cualidades se expresan a través de su obra-. Fue un virtuoso de la técnica; era capaz de tallar el mármol de forma que parecía tomar vida propia o de añadirle el encaje más delicado. Personifica el estilo barroco por su amor por la grandeza, la teatralidad, el movimiento y la emoción apasionada.

Sus mejores obras se encuentran en Roma, donde fue el artista favorito de la Iglesia católica.

Armoniza escultura, arquitectura y pintura en una extravagante combinación teatral, sobre todo en sus fuentes, en las que el juego del agua y la refracción luminosa forman figuras humanas y animales grandiosos, y crea una visión de otro mundo.

Fuente de los Cuatro Ríos. 1654. Piazza Navona. Roma.

Fuente del Tritón. Piazza Barberini. Roma

El éxtasis de Santa Teresa. 1645-1652. Mármol, bronce y madera dorada. 350cm. Santa Maria della Vittoria. Roma.

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Los colores de Matisse

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Henry Matisse estudió derecho en París y trabajó de escribano antes de estudiar arte en la influyente Académie Julian y con Moreau de profesor en la Escuela de Bellas Artes, sonde conoció a varios de los futuros fauvistas. De hecho, llegó tarde al arte, y casi por casualidad, cuando en 1890 le regalaron una caja de pinturas cuando se recuperaba de una operación de apendicitis.

A finales del siglo XIX, experimentó con el divisionismo y absorbió un profundo conocimiento de la teoría del color. En 1899 recurrió a Cézanne, ya que aunque estaba arruinado, le compró al marchante de arte Vollard, una pequeña obra de este artista Las bañistas, que conservó toda la vida y usó como inspiración en los momentos bajos o críticos de su carrera.

Ventana abierta. 1905. Óleo sobre lienzo. Collection of Mrs. John Jay Whitney. New York. USA.

Vista desde Collioure. 1906. Óleo sobre lienzo. 59,5 x 73 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia.

Paisaje visto desde una ventana. 1912. Óleo sobre lienzo. 115 x 80 cm.Museo Pushkin de Bellas Artes de Moscú. Moscú. Rusia.

Armonía en rojo. 1908. Óleo sobre lienzo. 180 x 220 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia.

Al provenir de la luz gris y fría del norte de Europa, el descubrimiento del brillo y el calor de la luz mediterránea que vió por primera vez en Colliure, en la frontera francoespañola, en el verano de 1904, fue una revelación.

De 1905 a 1907, defendió la joven vanguardia como  fauvista más destacado y abrió una escuela para jóvenes artistas. Recibió influencias del arte islámico y persa debido a una visita que hizo a Marruecos.

Argelina. Museo Nacional de Arte Moderno. Centre Georges Pompidou. París. Francia.

La conversación. 1909. Óleo sobre lienzo. 177 x 217 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia.

La música. 1939. Óleo sobre lienzo. 115,2 x 115,2 cm. Galería de Arte Albright-Knox de Buffalo. New York. USA.

Odalisca. 1926. Oil on canvas. 73 x 60 cm. The Metropolitan Museum of Art. New York. EEUU.

En la década de 1920 se estableció de forma casi semi-permanente en Niza y su arte siguió floreciendo con una riqueza cada vez más progresiva y una fascinación por la luz y el color, incluso cuando se quedó invalido y en cama, cometiendo muy pocos errores.

Sus últimos años están entre los más fértiles e ingeniosos, ya que experimentó con el montaje y el collage, realizó ilustraciones para Jazz Le Cirque, y vidrieras y vestiduras para la capilla del rosario de Vence, cerca de Niza.

Destaca su edificante y alegre combinación del tema central con sus gloriosos colores que asumen vida propia. Exploró el color independientemente del tema y lo convirtió en algo que apetece tocar y sentir, sobre todo las telas y cerámicas orientales.

Figura decorativa con ornamentos. 1926. Óleo sobre lienzo. 130 x 98 cm. Museo Nacional de Arte Moderno. Centre Georges Pompidou. París. Francia.

La danza. 1909-1 910. Óleo sobre lienzo. 260 x 390 cm. Museo de Arte Moderno. New York. USA.

Desnudo durmiendo sobre fondo rojo. 1916. Oil on canvas. 94,5 x 195 cm. Private Collection

A la luz de las velas de La Tour

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Se cree que Georges de la Tour vivió y trabajó durante la mayor parte de su vida en el ducado de Lorena. Se sabe poco de su vida, aunque disfrutó del mecenazgo del duque de Lorena desde 1623.

Curiosamente fue completamente olvidado hasta su redescubrimiento en 1915.

 

Músico ciego. Lienzo. 84 x 61 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Oscura figura con pocos trabajos atribuibles a él, la may0ría en mal estado. Muy de moda entre los historiadores del arte, que están reconstruyendo  sus obras. Su obra se centra en dos puntos: escenas campesinas (anteriores a 1630) y nocturnos con un espectacular uso de la luz de vela (posteriores). También pintó tahures y pitonisas, pero hay que decir que existen numerosas copias de este pintor.

 

La adoración de los pastores. Lienzo. 107 x 131 cm. Museo del Louvre. París. Francia

Magdalena arrepentida. 1638-1643. Óleo sobre lienzo. 133 x 102 cm. Museo Metropolitano. Nueva York. EEUU.

San José Carpintero. Lienzo. 137 x 102 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

San Sebastián asistido por Santa Irene. Lienzo. 167 x 131 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

Pinta campesinos y santos con un desconcertante realismo: cabello ralo y grasiento, entrecejo fruncido, piel convincentemente vieja y reseca, dedos callosos y manos campesinas, ojos siniestros y astutos. Pero hay que decir que del mismo modo, los jóvenes que pinta son pocos convincetes por unos rostros rígidos, como si fuesen máscaras.

Usó claroscuros e iluminaciones fuertes y hermosas, así como fondos inexistentes y planos. Fue un maestro en la creación de efectos con el uso de la luz que dan las velas (observa como hace que las manos parezcan traslúcidas).

 

El sueño de San José. 1640. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Nantes. Nantes. Francia.

La Magdalena de la lamparilla. Lienzo. 128 x 94 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

El tramposo. 1630. Lienzo. 106 x 146 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

La educación de la Virgen. Óleo sobre lienzo. 83 x 100 cm. Colección Frick. Nueva York. EEUU

 

Legado para que no estés triste

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Raoul Dufy estudió en Le Havre y allí sus primeras obras mostraron la influencia del impresionismo. Se trasladó a París en 1900, donde conoció a Geroges Braque y Henri Matisse. La pintura de Matisse Luxe, Calme, et Volupté causó un gran impacto en Dufy que lo observaba como “un milagro de la imaginación creativa jugando con el color y la línea”.

Adoptando las recién formadas ideas del fauvismo, Dufy empezó a producir pinturas de colores fuertes y marcados contornos negros. Sólo expuso con los fauvistas dos veces, en 1906 y en 1907. En 1908 trabajó con Braque, antes de hacer un giro hacia temas que mostrasen la vida de la clase alta. Después, 1920, la obra de Dufy se caracterizó por escenas alegres de hipódromos, regatas y malecones.

Pintadas con colores vibrantes, estas obras se distinguen por su estilo vivo, frívolo y decorativo y sus toques de pincel rápidos y caligráficos.

Dufy también diseñó textiles y cerámica. Fue esencialmente un artista desenfadado que nunca visitó el lado triste o impropio de la vida.

Barcas atracadas en el muelle de Marsella. 1908. Óleo sobre tela. 73 x 60 cm. Centre George Pompidou. Centre de création industrielle. Musée National d’Art Moderne. París. Francia.

Barcas en Martigues. 1908. Óleo sobre tela. 54 x 65 cm. Fundación Fridart.

La playa de Sainte- Adresse. 1906. Óleo sobre tela. 76 x 97 cm. Fundación Rau para el Tercer Mundo. Zurich. Suiza.

Vista de Vence. 1925. Óleo sobre tela. 81 x 100 cm. Musée des Beaux-Arts. Niza. Francia.

Café en la Estanque. 1908. Óleo sobre tela. 46 x 55 cm. Centre George Pompidou. Centre de création industrielle. Musée National d’Art Moderne. París. Francia.

El aperitivo. 1908. Óleo sobre tela. 59 x 72,5 cm. Musée d’Art Moderne de la Ville. París. Francia.

Los tres parasoles. 1906. Óleo sobre lienzo. 23 1/2 x 29 in. Museo de Bellas Artes de Houston. Houston. Texas. USA.

Ventana abierta. 1928. Óleo sobre lienzo. 65,1 x 53,7 cm. Instituto de Arte de Chicago. Chicago. USA.

Los bañistas. 1908. Óleo sobre tela. 38 x 46 cm. Colección particular.

El saber transmitir de Christian Ghammachi

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Hace unos días llegó a mi un fotógrafo que me parece maravilloso. Su nombre Christian Ghammachi, un libanés nacido en 1973.

Estudió derecho, y fue en esa etapa de su vida cuando descubrió su pasión por la fotografía. Desde entonces llena el papel satinado con increíbles matices que son la esencia de sus fotografías.

Con sus retratos nos contagia la alegría y la tristeza, la tranquilidad y la viveza que reina el mundo.

La verdad que poco se de él, ya que estoy intentando encontrar información, pero es muy poca la que consigo. Lo que si se, es la belleza que consigue transmitir con sus fotografías, sea lo que sea que retrate.

Ya dejo de escribir para que podáis contemplar con vuestros propios ojos de lo que os hablo.

 

Samburu. Kenia, 2010

Amboseli. Kenia. 2012

Parque Nacional de Amboseli. Kenia.

Kenia. 2010.

Y como no, siguiendo las tendencias, podéis encontrar a este artista en cualquier red social, como Facebook, Twitter, o Pinterest.

Espero que os haya gustado.

Paraísos en la propia tierra

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Con las innovaciones estructurales que definen la arquitectura gótica, los muros pierden su función estática; por lo tanto se hace posible abrir amplias superficies de ventanales. El objetivo de una mejor iluminación es obvio, sin embargo, hay que recordar que para el hombre medieval la luz tiene una importante función simbólica. La imagen de Cristo como “Luz del Mundo” muy frecuente en la literatura de la época, fue muy apreciada por el Abad Suger, quién en Saint-Denis, junto con los demás elementos que caracterizarían a la arquitectura gótica, también adoptó los ventanales provistos de vidrieras.

Catedral de Colonia. Vidriera en nave lateral.

Vidriera de la Catedral de Colonia. Adán y Eva.

El uso del vidrio de colores para realizar composiciones figurativas no era una novedad; ya que tenemos ejemplos de vidrieras desde la época carolingia, y en su tratado sobre las artes el monje Teófilo, que vivió a comienzos del siglo XII, describe el procedimiento para su realización. Sin embargo, sólo con el estilo gótico la vidriera pasa a ser un elemento esencial de la arquitectura eclesiástica. La vidriera puede ser definida como un “mosaico transparente”. Efectivamente se compone de varias piezas de vidrio polícromo.

El dibujo se trazaba primero sobre una mesa de madera; sobre el se ponían las placas de vidrio cortadas a medida y rodeadas de hilo de plomo, que se apretaban con un marco de hierro. Las vidrieras góticas más antiguas se distinguen por el uso de colores intensos (especialmente el azul y el rojo) fijados al vidrio por cocción.

Catedral de Gerona. Primera mitad del siglo XIV. 38.5 cm. Catedral de Girona. España.

Catedral de Siena.

A mediados del siglo XIII, junto con la aparición de motivos calados, las tintas se hacen más tenues, y los detalles se pintan directamente sobre el vidrio.

Lo importante de estas vidrieras no era solo el valor material de las mismas ni la exquisita ejecución, sino su profundo significado espiritual, que acercaban al creyente, con la luz que filtraban dentro del templo, al más bello paraíso. 

Vidrieras de la Catedral de León

Vidrieras de la Catedral de León

Vidrieras de la Catedral de León

Vidrieras de la Catedral de León

El arte degenerado de Otto Dix

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Otto Dix  estudió en Dresden, donde sus primeras obras declararon un interés por el realismo pictórico y un rechazo  a idealizar sus temas. En 1914 fue llamado a filas para combatir en la Primera Guerra Mundial y en el frente experimentó los horrores de la guerra de trincheras y los ataques de gas. Cuando regresó estudió en  Dresden y en Düsseldorf, y produjo collages de materiales escogidos por su fealdad. Esta fealdad era lo que le fascinaba y se reflejó en su obra como una poderosa distorsión de la observación realista mediante una línea intensa, los detalles y los colores ácidos. Todo esto lo expresó en  retratos de amigos y grabados de mucha fuerza.

Autorretrato como soldado. 1914. Ink and watercolour on paper, on both sides. 68 x 53,5 cm. Municipal Gallery. Stuttgart. Alemania.

Dr. Koch. 1921. Tigertail Virtual Museum.

El salón I.

Retrato de la periodista Sylvia von Harden.

Retrato de la bailarina Anita Berber

Retrato de Adolf Uzarski

La ideología nazi decía que cualquier arte que no se ajustara a un ideal burgués de imágenes figurativas bien hechas que retrataran el heroísmo ideal o una cómoda cotidianidad era de un ser degenerado y una mente pervertida. El término alemán entartete Kunst fue acuñado por Hitler y el teórico  y portavoz jefe de partido, Alfred Rosenberg. Los artistas modernos “degenerados” no podían exponer sus obras y muchas de ellas fueron confiscadas y quemadas. En 1937 se inauguró una exposición itinerante de arte moderno y abstracto (con obras de  Beckmann, Dix, Grosz, Kandinsky, Mondrian y Picasso) financiada por los nazis para demostrar lo repugnante que era el arte degenerado. Les salió el tiro por la culata ya que presentaron el arte moderno al público en general.

Trincheras

Calavera

Tropas de asalto bajo el gas.