Archivo de la categoría: Barroco. 1600 – 1700

Pacto con el diablo

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Las brujas o hechiceras han sido retratadas por numerosos pintores a lo largo de la historia. Hemos recogido algunas de esas obras que marcaron un punto importante en la Historia del Arte.

 

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Circe ofreciendo la taza a Ulises. 1891. John William Waterhouse. Óleo sobre lienzo.

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El Aquelarre. 1798. Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.

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Cuatro Brujas. 1497. Alberto Durero. Grabado en cobre.

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Dos brujas,  1523. Hans Baldung Grien. Óleo sobre lienzo. Alemania.

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Tres brujas y tres lobos,  1900. Eugène Grasset. Acuarela.

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Circe. 1986.  Claudio Bravo. Óleo sobre lienzo.

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Bernini, el Genio

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Conmemorando el día de su fallecimiento hablaremos hoy de otro de los grandes escultores por todos conocido: Gian Lorenzo Bernini.

Devoto católico romano, el arte era para él la inspiración emocional y la glorificación de Dios y de la pureza. Aunque fue un pintor dotado, despreciaba este medio y prefería la escultura, que representaba la “verdad”. Bernini liberó la escultura de sus obligaciones anteriores respecto a la gravedad y la emoción intelectual, y la permitió volar en libertad, moverse y alcanzar una cualidad visionaria jamás vista hasta entonces.

La cabra amaltea. 1615. 44cm. Mármol de Carrara. Galería Borghese. Roma

La verdad descubierta por el tiempo. 1645-1652. 280cm. Mármol. Galería Borghese. Roma.

Busto del cardenal Richelieu. 1641. 83 cm. Mármol. Museo del Louvre. París

Beata Ludovica Albertoni. 1674. 188 cm.  Iglesia de San Francesco a Ripa. Roma.

Apolo y Dafne. 1622-1625. Galería Borghese. Roma

Fue niño prodigio, de personalidad chispeante y gran ingenio; escribió comedias -sus cualidades se expresan a través de su obra-. Fue un virtuoso de la técnica; era capaz de tallar el mármol de forma que parecía tomar vida propia o de añadirle el encaje más delicado. Personifica el estilo barroco por su amor por la grandeza, la teatralidad, el movimiento y la emoción apasionada.

Sus mejores obras se encuentran en Roma, donde fue el artista favorito de la Iglesia católica.

Armoniza escultura, arquitectura y pintura en una extravagante combinación teatral, sobre todo en sus fuentes, en las que el juego del agua y la refracción luminosa forman figuras humanas y animales grandiosos, y crea una visión de otro mundo.

Fuente de los Cuatro Ríos. 1654. Piazza Navona. Roma.

Fuente del Tritón. Piazza Barberini. Roma

El éxtasis de Santa Teresa. 1645-1652. Mármol, bronce y madera dorada. 350cm. Santa Maria della Vittoria. Roma.

A la luz de las velas de La Tour

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Se cree que Georges de la Tour vivió y trabajó durante la mayor parte de su vida en el ducado de Lorena. Se sabe poco de su vida, aunque disfrutó del mecenazgo del duque de Lorena desde 1623.

Curiosamente fue completamente olvidado hasta su redescubrimiento en 1915.

 

Músico ciego. Lienzo. 84 x 61 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Oscura figura con pocos trabajos atribuibles a él, la may0ría en mal estado. Muy de moda entre los historiadores del arte, que están reconstruyendo  sus obras. Su obra se centra en dos puntos: escenas campesinas (anteriores a 1630) y nocturnos con un espectacular uso de la luz de vela (posteriores). También pintó tahures y pitonisas, pero hay que decir que existen numerosas copias de este pintor.

 

La adoración de los pastores. Lienzo. 107 x 131 cm. Museo del Louvre. París. Francia

Magdalena arrepentida. 1638-1643. Óleo sobre lienzo. 133 x 102 cm. Museo Metropolitano. Nueva York. EEUU.

San José Carpintero. Lienzo. 137 x 102 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

San Sebastián asistido por Santa Irene. Lienzo. 167 x 131 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

Pinta campesinos y santos con un desconcertante realismo: cabello ralo y grasiento, entrecejo fruncido, piel convincentemente vieja y reseca, dedos callosos y manos campesinas, ojos siniestros y astutos. Pero hay que decir que del mismo modo, los jóvenes que pinta son pocos convincetes por unos rostros rígidos, como si fuesen máscaras.

Usó claroscuros e iluminaciones fuertes y hermosas, así como fondos inexistentes y planos. Fue un maestro en la creación de efectos con el uso de la luz que dan las velas (observa como hace que las manos parezcan traslúcidas).

 

El sueño de San José. 1640. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Nantes. Nantes. Francia.

La Magdalena de la lamparilla. Lienzo. 128 x 94 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

El tramposo. 1630. Lienzo. 106 x 146 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

La educación de la Virgen. Óleo sobre lienzo. 83 x 100 cm. Colección Frick. Nueva York. EEUU

 

Luces y sombras del Amor

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Hace unos días leí unas bellas palabras de Carlos Marzal sobre el Amor, que me llevaron a este cuadro de unos de los grandes genios de todos los tiempos.

Amor victorioso. 1602-1603. Óleo sobre lienzo. 156 x 113 cm. Staatliche Museen. Berlín. Alemania.

Amor, Eros, Cupido, no importa el nombre tras el que se esconda; siempre hablamos del dios del amor, de la fuerza motora del mundo. Pero aún así puede recibir mil nombres diferentes dependiendo del momento en que nos encontremos, pasión, melancolía, olvido, celos, alegría o sufrimiento.

“El amor no deja de ser un truhán. Cualquiera que confíe en él, se verá defraudado” Esto lo escribió Goethe, que seguramente lo sabía por experiencia.

En la Antigüedad se pintaba al Amor como un muchacho encantador, dotado de alas. A partir del siglo IV a.c. lleva un arco y flechas.

Esta fue la idea que tenía Caravaggio cuando le fue encargada la obra en 1602, que difiere notablemente de otras representaciones anteriores de figuras mitológicas.

Su Eros es descarado, se ríe con impertinencia, y es definitivamente bribón; también es más erótico que Cupido lo fuera nunca antes.

Las especulaciones sobre lo que está haciendo con la mano izquierda a su espalda llenan volúmenes.

Todo esto puede haber contribuido a hacer de este cuadro uno de los más famosos de Caravaggio, y posiblemente, el cupido más celebrado de la historia.

Este artista murió con menos de 40 años, en la penuria y lejos de su tierra.

Y es que para Cupido, la vida es un juego de amores “Estoy aquí y allí. Ayer y pasado mañana. Siempre y ahora mismo… Pero lo cierto es que llego a una vida y , de repente, nada importa sino yo. Todo el mundo pierde la compostura. Todo el mundo parece no haber aprendido nada de la experiencia. Son como niños. Me gusta vendarme los ojos y escoger las flechas al azar”

¿Que nos tendrá preparado este joven?

 

 

Fuente: Descubrir el Arte

¿Como la piedra puede transformarse en piel?

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Solo con la mano de algunos artistas esto es posible.

Siempre me ha sorprendido la escultura de Bernini titulada El rapto de Proserpina.

El mármol se transforma en una suave piel que es agarrada por unas feroces manos, todo un arte.

El Rapto de Proserpina. Gian Lorenzo Bernini. 295 cm. Mármol 1621-22.

Proserpina era la hija de Júpiter y Ceres, la diosa de la agricultura, y fue raptada por Plutón, que se la llevó al inframundo para hacerla su esposa. Entonces Ceres, desesperada de dolor, desatendió los cultivos y se lanzó a la búsqueda de su hija. Atendiendo a las quejas de los hombres y de los dioses, que no tenían la comida ni los sacrificios necesarios por el descuido de los campos, Júpiter permitió a Proserpina regresar al Monte Olimpo con la condición de que cada año se quedara junto a su esposo en el inframundo durante tres meses. Así, cuando Ceres y su hija estaban juntas, la tierra florecía y daba buenas cosechas, pero durante los tres meses que Proserpina permanecía en los infiernos, la tierra se convertía en un erial estéril. Esta historia simbólica servía a los antiguos griegos y romanos para explicar los cambios de estación y los ciclos naturales del campo.

Bernini ha convertido a Plutón en un vulgar secuestrador con la barba y el pelo revueltos, aunque esté coronado como rey de los infiernos, mientras que Proserpina intenta librarse con un miedo atroz a su abrazo. La agonía que expresa el rostro de la muchacha se contrapone a la indecencia apenas contenida de Plutón, que hunde sus dedos como poderosas tenazas sobre la sensual carne de Proserpina. Ello se completa con un estudio hiperrrealista de la anatomía humana en tensión y una composición basada en potentes diagonales, que expresan magistralmente el conflicto de atracción – repulsión sostenido por los personajes.  Todo el conjunto acusa un fuerte dinamismo tanto físico como dramático.

El clasicismo de Guido Reni

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Hoy hablaremos uno de los maestros más importantes de Bolonia, muy inspirado por Rafael, fue muy admirado en los siglos XVII y XVIII, y despreciado en el siglo XX:  Guido Reni.

Su estilo estuvo muy influido por sus visitas a Roma, la primera de las cuales se produjo alrededor de 1660.

La caridad. Óleo sobre lienzo. 137 x 106 cm. Museo Metropolitano. Nueva York. EEUU.

La Virgen de la silla. Lienzo. 212 x 137 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Sus imágenes, de experiencias emocionales intensas e idealizadas, suelen ser religiosas. Sus obras mitológicas son menos extensas pero muy elegantes.

Susana y los viejos. The National Gallery. Londres. Inglaterra.

 Hipomenes y Atalanta. 1612. Lienzo. 206 x 297 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Él mismo fue muy hermoso pero permaneció célibe -dos cualidades reflejadas en sus obras, que transmiten una belleza inalcanzable y remota-.

¿Son demasiado logradas, afectadas y teatrales para el gusto popular del siglo XX?

Baco de niño. 1615-1620. Óleo sobre lienzo. 87 x 70 cm. Palazzo Pitti. Florencia. Italia.

 Fortuna y Amor. 1623. Óleo sobre lienzo. 188 x 155 cm. Picture Gallery. The Vatican. Roma. Italia.

Utiliza los ojos, tornados hacia el cielo, a modo de símbolo, de una gran intensidad o  sentimiento, con extrema sutileza en el manejo del pincel.

Ecce Homo. 1639. Óleo sobre lienzo. Pinacoteca Nacional de Bologna. Bologna. Italia.

Cleopatra moribunda. Museo del Prado. Madrid. España. 

Las meninas a través del tiempo

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Hoy vamos a hacer un recorrido por una de las grandes obras del mundo. Una de esas mundialmente conocidas, y que llena la sala ovalada de la segunda planta del Museo del Prado.

Y es que cuando estuve trabajando allí, numerosos visitantes de todo el mundo se te acercaban con una guía de España, y ya fuese chapurreando en inglés o bien mediante gestos, te preguntaban señalando en su guía que dónde estaba esa obra colocada.

No sabéis el enorme placer de poder ver todos los cuadros, pasear por las galerías cuando el museo aún no había abierto sus puertas, y sobretodo plantarse delante de esta obra y observar. No poder parar de mirar cada pincelada que llenaba el cuadro, y tan solo escuchar en la sala el tic-tac de mi reloj, el único capaz de romper ese silencio absoluto.

¿Sabéis ya de que obra hablo?

El título de la pintura es La familia de Felipe IV,  aunque generalmente se conoce con el sobrenombre de  Las  Meninas.

La familia de Felipe IV. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. 1656. Óleo sobre lienzo. 318 x 276 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Velázquez juega, elaborada y artificiosamente, con nuestra percepción y las interrelaciones en el retrato. Él mismo aparece en la izquierda, pintando sobre un gran lienzo, pero ¿Porqué está allí y que hay en el lienzo? No puede ser el retrato de la infanta, puesto que está detrás de ella. La respuesta se haya en el espejo, al fondo de la sala. Refleja al rey y a la reina, que posan para el pintor. La pequeña infanta ha entrado en la sala para observarlos. Así Velázquez ha invertido todas las normas y expectaciones del retrato.

El pintor, forma una parte importante del cuadro, como símbolo de la liberación del arte de la pintura. Una lucha que tuvieron numerosos artistas a lo largo de su vida, ya que el pintor era considerado artesano, y no un trabajador libre.

La cruz de la Orden de Santiago fue pintada una vez muerto Velázquez y dice la leyenda que fue el propio rey el que la pintó.

El cuadro que estaría pintando en ese instante de los reyes, estaría en el Alcázar de Madrid (residencia real antes de la creación del Palacio) y cuando ardió numerosa obra de Velázquez que allí estaba desapareció con el fuego, como es el caso de este retrato.

Las meninas son las damas de honor que asisten a la pequeña infanta, que reciben ese nombre por el portugués, significando en castellano, niña, dama.

A lo largo de los siglos este cuadro ha sido reinventado por numerosos artistas, de los cuales os dejo algunos ejemplos:

Las meninas. Francisco de Goya y Lucientes. 1780. 1785. Aguafuerte, aguatinta y punta seca. 40,5 x 32,5 cm.

Meninas. Pablo Ruiz Picasso. Museo Picasso de Barcelona. Barcelona. España.

Las meninas. Salvador Dalí. 1976-1977. Óleo sobre lienzo. Obra esteoscópica. 35.6 x 25.1 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia. Madrid. España. Donación de Dalí al Estado español.

Las meninas. Salvador Dalí. 1960. Aguada. 23 x 18 cm. Colección Mr. y Mrs. Julien Levy. Bridgewater.

Las meninas (según Velázquez). Pablo Ruiz Picasso. 1957. Óleo sobre lienzo. 194 x 260 cm. Museu Picasso. Barcelona. Catalunya. España.

Las meninas. Equipo crónica: Pintura sobre papier mâché. 50 x 80 x 47 cm. Colección Elke Stelling-Amadeo Gabino. Madrid. España.