Archivo de la categoría: Del Rococó al Neoclasicismo. 1700 – 1800

Pacto con el diablo

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Las brujas o hechiceras han sido retratadas por numerosos pintores a lo largo de la historia. Hemos recogido algunas de esas obras que marcaron un punto importante en la Historia del Arte.

 

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Circe ofreciendo la taza a Ulises. 1891. John William Waterhouse. Óleo sobre lienzo.

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El Aquelarre. 1798. Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.

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Cuatro Brujas. 1497. Alberto Durero. Grabado en cobre.

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Dos brujas,  1523. Hans Baldung Grien. Óleo sobre lienzo. Alemania.

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Tres brujas y tres lobos,  1900. Eugène Grasset. Acuarela.

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Circe. 1986.  Claudio Bravo. Óleo sobre lienzo.

El beso robado

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Jean-Honoré Fragonard fue un pintor precoz y de mucho éxito, muy favorecido por el régimen gracias a sus pinturas íntimas y fáciles de disfrutar, llenas de virtuosimo e interés. Rechazó las trampas del arte oficial y murió en la pobreza tras la Revolución Francesa.

Los personajes de sus cuadros sobre el amor y la seducción visten ropas de su época, de la mitología o van desnudos. Le gustan las mejillas sonrosadas y los pechos exuberantes, las miradas de reojo, los abrazos apasionados y la resistencia inútil.

 

El columpio. 1767. Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. Londres: Colección Wallace.

 

Su estilo excitante es adecuado a sus temas, y si paleta en seductores rosas y verdes y la suave luz moteada prefigura a Renoir. Pinta las manos con dedos largos y sensuales.

 

El beso robado. Óleo sobre lienzo. 45 x 55 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia.

 

 

Esta tela pertenece al último periodo artístico de Fragonard y forma parte de la serie dedicada a los Besos. El tema se inscribe dentro de la pintura galante y sentimental que tanto agradaba a la nobleza francesa de Luis XVI. Esta clase social sentía una especial predilección por la pintura de género y particularmente por las escenas eróticas o sentimentales como ésta.

El cuadro representa a una joven que es sorprendida por un admirador en un gabinete, sala íntima y privada de las casas y palacios del siglo XVIII. El amante acaba de abrir la puerta inesperadamente para arrebatarle un beso, mientras le coge el brazo a la fuerza.

Cuando pintó este cuadro, el artista, pasaba de los cincuenta años y ya se había consagrado plenamente como pintor. Hacía poco tiempo que había vuelto de un viaje por Europa donde pudo contemplar a los grandes maestros holandeses del siglo XVII, que marcaron en gran medida su última etapa pictórica tal y como podemos contemplar en esta obra: el gabinete, sumido en la penumbra, está descrito a través de un gran dominio del claroscuro. Cada detalle de la habitación es representado con precisión, mientras que las diferentes texturas de las telas como la seda del vestido o la transparencia del manto, están muy logrados.

 

El matrimonio a la moda de Hogarth

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Considerado el padre de la pintura inglesa, William Hogarth tenía talento para la pintura y la impresión, preparó los cimientos de lo que serían Reynolds y la Royal Academy. Mostraba las conductas de las gentes tal y como eran.

En las seis pinturas de la serie titulada El matrimonio a la moda  (1744), Hogarth narra las vicisitudes del joven Lord Squanderfield y su esposa.

Comienza con la estipulación del contrato de matrimonio, para seguir después con las recíprocas traiciones  de ambos cónyuges; la historia concluye con el duelo en el que el marido cae muerto a manos del amante de la mujer y con el suicidio de ésta.

Los elementos esenciales de la trama están presentes desde la primera tela, la deContrato. La misma elección del apellido por parte de Hogarth facilita su interpretación: en inglés, “To squander” significa dilapidar.

Impulsado por la necesidad de dinero, el viejo Lord Squanderfield ha decidido casar a su indolente y libertino hijo con la hija de un rico consejero municipal. Ambos padres se sientan en la mesa, el noble con el árbol genealógico de la familia, el consejero con las bolsas que contienen el dinero de la dote. Se encarga de entretener a la futura esposa el abogado Silvertongue (la traducción sería lengua de plata) quien muy pronto se convertirá en su amante.

Con las poses, los gestos, la vestimenta de los personajes y la ambientación de las diversas escenas, Hogarth enfatiza el hecho de que este matrimonio se funda exclusivamente en motivos de prestigio y conveniencia, lo que hace presagiar su trágico fin.

Exponiendo al público  burlón el amor al lujo de la aristocracia y las ostentaciones esnobistas de la burguesía acomodada, Hogarth intenta denunciar las hipocresías y la afectación que caracterizan la vida social de su tiempo. 

En esta serie desarrolló un estilo más sofisticado con respecto a otras obras suyas marcadamente caricaturescas y de tono más popular.

El matrimonio a la moda: El contrato. 1744. Óleo sobre tela. 68.5 x 89 cm. National Gallery. Londres. Inglaterra.

Matrimonio a la moda: La mañana. 1744. Óleo sobre tela. 68.5 x 89 cm. National Gallery. Londres. Inglaterra.

Matrimonio a la moda: La visita del médico. 1744. Óleo sobre tela. 68.5 x 89 cm. National Gallery. Londres. Inglaterra.

Matrimonio a la moda: La toilette. 1744. Óleo sobre tela. 68.5 x 89 cm. National Gallery. Londres. Inglaterra.

Matrimonio a la moda: El asesinato del conde. 1744. Óleo sobre tela. 68.5 x 89 cm. National Gallery. Londres. Inglaterra.

Matrimonio a la moda: La muerte de ella. 1744. Óleo sobre tela. 68.5 x 89 cm. National Gallery. Londres. Inglaterra.

Descubriendo el Rococó

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Hacia principios del siglo XVIII, las heroicas convicciones del barroco dieron paso a los entresijos del rococó (del francés rocaille, que significa rocalla, motivo de decoración de interiores). Era un estilo pictórico cortesano muy llamativo que recurrió a mecenas sofisticados y aristocráticos. Fue supremo durante breve tiempo, como reflejo de una sociedad sumamente cultivada.

Vamos a realizar un recorrido por este estilo pictórico de la mano de su máximo exponente, Jean-Antoine Watteauy de otros grandes artistas como son los también franceses Boucher y Fragonard, y el italiano Tiepolo.

Predominan los colores claros y la pincelada hábil, con el añadido de las superficies bien acabadas y relucientes en las que la representación de espléndidos tejidos, tonos de piel suave, y fondos de paisajes exuberantes, a menudo descuidados, nunca amenazadores, se saborea por si mísma.

Watteau.Los campos elíseos. Colección Wallace. Londres. Inglaterra.

Watteau.Los placeres del amor. Óleo sobre lienzo. 61 x 75 cm. Gemäldegalerie de Dresde. Dresde. Alemania.

Watteau.Encuentro al aire libre. Óleo sobre lienzo. 60 x 75 cm. Gemäldegalerie de Dresde. Dresde. Alemania.

Las ropas flotan, los miembros se entrelazan, las sonrisas tientan y los párpados se agitan. El encanto lo es todo.

 

François Boucher.Alegoría de la pintura. 1765. Óleo sobre lienzo. 1.015 x 1.300 m. The National Gallery of Art. Washington. USA.

François Boucher.Madame Pompadour. 1758. Óleo sobre lienzo. 72,5 x 57 cm. Victoria and Albert Museum. Londres. Inglaterra.

François Boucher.Escena pastoral. Óleo sobre lienzo. 61 x 75 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia.

La sofisticada sociedad del siglo XVIII prefería la intimidad, un cambio en los gustos reflejado en el arte del rococó, sobre todo en Francia. En vez de las grandes escalas del barroco, en temas religiosos o clásicos, la pintura rococó, se concentró en los flirteos de la aristocracia, a escala reducida y muy trabajados.

François Boucher.El triunfo de Venus. Museo Nacional de Esctocolmo. Estocolmo. Suecia.

Jean Honore Fragonard.El Columpio.The National Gallery of Art. Washington. USA.

Jean Honore Fragonard.El cerrojo. 1778. Óleo sobre lienzo. 73 x 93 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

Los temas de la Antigüedad pasaron a basarse en pastorcillas con escasa ropa raptadas por musculosos y jóvenes gigantes.

El rococó raramente se prestaba a temas religiosos, pero Tiépolo unió los dos con éxito.

Tiepolo. La última cena. 1745-1750. Lienzo. 81 x 90 cm. Museo del Louvre. París. Francia.

Tiepolo. El Olimpo. Lienzo. 86 x 62 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

La imaginación de la mano de William Blake

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Genuino, soñador romántico, inspirado y dirigido por sus voces y visiones internas, difíciles de entender.

En vida no se le prestó atención y acabó arruinado.

Vamos a conocer un poco la vida y obra de William Blake.

Sus primeros trabajos se encuadraban en el neoclásico, pero con el tiempo su obra se volvió cada vez más visionaria.

La escalera de Jacob.

Su imaginería, técnica y simbolismo son extraordinariamente originales.

EL gran dragón rojo y la mujer vestida de sol. 1806-1809. Acuarela. 34.3 x 42 cm. Brooklyn Museum. Brooklyn. Nueva York. USA.

El anciano de los días. 1794. Grabado en relieve pluma y acuarela. 30.4 x 23.6 cm. Fitzwilliam Museum. Cambridge.

Creó, sobre todo, pequeñas obras sobre papel, acuarelas y dibujos, y las combinaba con técnicas de impresión, como el grabado. La imaginería y el simbolismo de Blake son muy personales, pero lo que desea en el fondo es expresar su aversión hacia cualquier forma de opresión.

El sacrificio de Job. William Blake. Engraving.

La danza de Albión. 1794-1796. Grabado en color pluma y acuarela. 30.4 x 23.6 cm. Fitzwilliam Museum. Cambridge.

Defendió la creatividad por encima de la razón, el amor sobre la represión y la individualidad sobre la resignación general. Creía en el poder liberador del espíritu humano.

Lucía lleva a Dante hasta la entrada del purgatorio. William Blake. Fogg Art Museum. Universidad de Harvard. Cambridge. Mass..

La visión de Cristo. William Blake. Engraving.

Observa sus figuras idealizadas de expresiones espirituales y su fascinación por el fuego y el cabello, estilizados de forma similar.

Sus fuentes son bíblicas, sobre todo del Antiguo Testamento.

Cuando en la mañana se comienza a cantar unidos. William Blake. Butts set.

Elohim creando a Adán. The National Gallery. Londres. Inglaterra.

Job y su familia. William Blake. Linnell set.

Los paisajes de Bernardo Bellotto

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Hoy vamos a conocer a Bernardo Bellotto, quizá más conocido por ser el sobrino de Canaletto, de quién aprendió el oficio.

Abandonó Italia en 1747 por problemas familiares y no regresó nunca.

Su colorido en general es más sombrío que el de su tío.

Vista de Turín al lado del palacio real. 1745. Óleo sobre lienzo.129,5 x 174 cm. Galleria Sabauda, Turin.

Pintó vistas de las ciudades nórdicas encargadas por sus mecenas, los aristrócatas pasados de moda que las gobernaban y que le nombraron pintor de la corte (Dresde, Viena, Varsovia).

Dresde desde la orilla derecha del Elba. 1748. Óleo sobre lienzo. 141 x 232 cm. Colección privada. Madrid. España.

La fortaleza de Sonnestein, en Pirna. 1753-1756. Óleo sobre lienzo. 132 x 235 cm. Galéria de pintura. Dresde. Alemania.

Iglesia de San Juan y San Pablo en Venecia. 1743-1747. Óleo sobre lienzo. 708 x 1.110 m. The National Gallery of Art. Washington. USA.

Vista de Verona desde el puente nuevo. 1747-48. Óleo sobre lienzo. Gemäldegalerie, Dresden.

Sus obras a gran escala se diferencian de las de Canaletto por el tema central, que es distinto, y por su paleta, son azules verdosos más fríos y plateados (pintaba sobre lienzos preparados en negro).

Vista idealizada en torno a Padua. 1740-1742. Óleo sobre lienzo. 48,5 x 73 cm. Museo Thyssen-Bornemisza.

Su uso del espacio es menos imaginativo, solo utilizaba un punto estándar de perspectiva, pero su reacción ante los árboles y la vegetación es mejor.

Sus detalles anecdóticos son buenos, pero la pintura de las figuras es más tosca que la de Canaletto.

Vista de Viena desde el Belvedere. 1759-1760. Óleo sobre lienzo. 135 x 213 cm. Kunsthistorisches Museum. Viena. Austria.

Las meninas a través del tiempo

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Hoy vamos a hacer un recorrido por una de las grandes obras del mundo. Una de esas mundialmente conocidas, y que llena la sala ovalada de la segunda planta del Museo del Prado.

Y es que cuando estuve trabajando allí, numerosos visitantes de todo el mundo se te acercaban con una guía de España, y ya fuese chapurreando en inglés o bien mediante gestos, te preguntaban señalando en su guía que dónde estaba esa obra colocada.

No sabéis el enorme placer de poder ver todos los cuadros, pasear por las galerías cuando el museo aún no había abierto sus puertas, y sobretodo plantarse delante de esta obra y observar. No poder parar de mirar cada pincelada que llenaba el cuadro, y tan solo escuchar en la sala el tic-tac de mi reloj, el único capaz de romper ese silencio absoluto.

¿Sabéis ya de que obra hablo?

El título de la pintura es La familia de Felipe IV,  aunque generalmente se conoce con el sobrenombre de  Las  Meninas.

La familia de Felipe IV. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. 1656. Óleo sobre lienzo. 318 x 276 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

Velázquez juega, elaborada y artificiosamente, con nuestra percepción y las interrelaciones en el retrato. Él mismo aparece en la izquierda, pintando sobre un gran lienzo, pero ¿Porqué está allí y que hay en el lienzo? No puede ser el retrato de la infanta, puesto que está detrás de ella. La respuesta se haya en el espejo, al fondo de la sala. Refleja al rey y a la reina, que posan para el pintor. La pequeña infanta ha entrado en la sala para observarlos. Así Velázquez ha invertido todas las normas y expectaciones del retrato.

El pintor, forma una parte importante del cuadro, como símbolo de la liberación del arte de la pintura. Una lucha que tuvieron numerosos artistas a lo largo de su vida, ya que el pintor era considerado artesano, y no un trabajador libre.

La cruz de la Orden de Santiago fue pintada una vez muerto Velázquez y dice la leyenda que fue el propio rey el que la pintó.

El cuadro que estaría pintando en ese instante de los reyes, estaría en el Alcázar de Madrid (residencia real antes de la creación del Palacio) y cuando ardió numerosa obra de Velázquez que allí estaba desapareció con el fuego, como es el caso de este retrato.

Las meninas son las damas de honor que asisten a la pequeña infanta, que reciben ese nombre por el portugués, significando en castellano, niña, dama.

A lo largo de los siglos este cuadro ha sido reinventado por numerosos artistas, de los cuales os dejo algunos ejemplos:

Las meninas. Francisco de Goya y Lucientes. 1780. 1785. Aguafuerte, aguatinta y punta seca. 40,5 x 32,5 cm.

Meninas. Pablo Ruiz Picasso. Museo Picasso de Barcelona. Barcelona. España.

Las meninas. Salvador Dalí. 1976-1977. Óleo sobre lienzo. Obra esteoscópica. 35.6 x 25.1 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia. Madrid. España. Donación de Dalí al Estado español.

Las meninas. Salvador Dalí. 1960. Aguada. 23 x 18 cm. Colección Mr. y Mrs. Julien Levy. Bridgewater.

Las meninas (según Velázquez). Pablo Ruiz Picasso. 1957. Óleo sobre lienzo. 194 x 260 cm. Museu Picasso. Barcelona. Catalunya. España.

Las meninas. Equipo crónica: Pintura sobre papier mâché. 50 x 80 x 47 cm. Colección Elke Stelling-Amadeo Gabino. Madrid. España.